El Tostado o el superhombre avilés

 

Tenemos en Ávila un personaje inigualable e inexplicable, dotado de una inteligencia sobrenatural. Estamos hablando de Alonso Tostado, Alonso de Madrigal o «El Tostado», un eclesiástico del siglo XV que asombró a sus coetáneos y maravilló a las generaciones futuras. El Tostado era célebre en su época por abarcar con su conocimiento todas las ciencias de la Tierra, y por su ingente obra literaria.

 

Nacido en Madrigal de las Altas Torres hacia 1400, acudió a estudiar a Salamanca antes de la mayoría de edad, y ya nunca abandonó la vida académica, salvo para ejercer brevemente como obispo de Ávila en 1454, antes de morir en 1455. Alonso encadenó la vida de estudiante con la de profesor, y dicen que acumuló tantas cátedras que nadie ha sido capaz de batir su récord: estudió las de Biblia, teología, filosofía, hebreo, latín, griego, derecho canónico y derecho civil. ¡Ocho carreras!

 

De él se cuentan otras proezas, más propias de un semidiós que de un mortal. En un viaje a Bolonia pudo leer los Libros Morales de San Gregorio Magno, o Moralia in Iob, pero, como no accedieron a prestárselos, El Tostado se los aprendió de memoria y los transcribió palabra por palabra para su disfrute personal. Cuando más adelante, se pudieron comparar ambos volúmenes, el religioso no se había dejado ni una coma. ¿Exageración? Una edición moderna de los Libros Morales abarca 6 volúmenes de unas 400 páginas cada uno…

 

El Tostado escribía siempre a mano, quizás porque el invento de Guttenberg le pilló demasiado cerca en el tiempo y demasiado lejos en el espacio. Sobre todo comentarios a libros de la Biblia. Se dice que escribió tantas obras que «ni la vida más larga del hombre bastaría para leerlas»; también se asegura que escribía una media de tres pliegos diarios. ¿Otra exageración? Francamente, siempre he creído que si un hombre de unos cincuenta años de vida era capaz de sacar tiempo para darle a la pluma, otro puede, en menos tiempo, leer todo lo que escribió.

 

Lo cierto es que, cuando en el siglo XVI se imprimieron las obras de El Tostado en Venecia, abarcaron quince volúmenes. Aquí tampoco nos libramos de anécdota: el barco que transportaba sus manuscritos por el Mediterráneo naufragó, y cuando los supervivientes alcanzaron la playa a nado, allí estaban esperándoles, ¡oh, milagro!, los arcones con los papeles de El Tostado intactos.

 

Yo siempre he sospechado que El Tostado tenía el síndrome de Asperger, y que sus contemporáneos le veían más como un pedante insufrible, el típico listillo del que todos se burlan. El propio condestable Álvaro de Luna le llamaba con desprecio «el bachiller que lo sabe todo». Torquemada le acusó de hereje, quizás porque sospechaba que nadie podía saber de tanto sin haber vendido su alma al diablo, aunque la verdad es que, en aquellos días, Torquemada te acusaba de herejía a la mínima que te descuidabas. Y su fama llegó hasta Irlanda, donde encontramos una alusión a Alonso de Madrigal en el Tristram Shandy de Laurence Sterne: «así, en brazos de su nodriza, aprendió todas las ciencias y artes liberales sin que le enseñaran ninguna de ellas».

 

Inspiró el proverbio: «escribes más que el Tostado». Sí, escribió, y mucho, ¿pero quién le ha leído? Eso es lo triste del asunto, que todos hablamos de él de oídas. Sus comentarios bíblicos no es que sean de un interés masivo para el público de hoy día… pero seguro que merece la pena leer algunas de sus disertaciones filosóficas, como De optimia politia, donde defiende una democracia aristotélica.

 

La última edición de su obra data de 1953, cuando se coló uno de sus textos en la Biblioteca de Autores Españoles. No hay duda de que la empresa de recuperar una bibliografía exhaustiva de Alonso de Madrigal sería una tarea titánica, y de un interés más académico que comercial, ¿pero no se lo merece uno de los avileses más ilustres que ha dado nuestra provincia? En otros lugares están más orgullosos de sus paisanos.

Escribir comentario

Comentarios: 0