La bibliografía de «La Hermandad de las Murallas»

DOCUMENTÁNDOSE PARA «LA HERMANDAD DE LAS MURALLAS»

La tarea de documentarse no solo es crucial, sino que probablemente es la parte más larga del proceso de escribir una novela. Empecé a escribir «La Hermandad de las Murallas cuando todavía seguía documentándome. Es más, a día de hoy, con la novela publicada desde hace unas semanas, sigo interesándome por el tema y haciendo nuevos descubrimientos sobre la historia de Ávila (y sospecho que seguirá siendo así toda mi vida).

 

En mi caso, empecé la casa por el tejado, esto es, leyendo un libro de historia del siglo XIX, la Historia de Ávila, su Provincia y su Obispado, de Juan Martín Carramolino. Ahí es donde descubrí el compendio de leyendas de donde obtendría el material en el que basar la novela. Eso fue allá por el año 2009. Inmediatamente después elegí un libro de Gonzalo Martínez Díez, Alfonso VI: Señor del Cid, Conquistador de Toledo, para situarme en la época y aprender más sobre el monarca que encomendó la repoblación de Ávila al conde Raymond de Borgoña. Luego retrocedí en busca de la fuente original que había recogido Carramolino en su libro, mientras seguía profundizando con otros libros más generalistas sobre la Edad Media.

 

Lo que sigue a continuación es la lista de los libros que utilicé durante la redacción «La Hermandad de las Murallas». Algunos fueron indispensables, de algunos solo llegué a usar un simple párrafo, pero todos me sirvieron y me aportaron algo.

 

(todos estos libros y algunos más relacionados con Ávila los podéis encontrar en mi perfil de GoodReads)

 


ÁVILA

  • Historia de Ávila, su Provincia y su Obispado, Juan Martín Carramolino (1872)
    Carramolino fue un político abulense del siglo XIX. Su libro, muy detallado en lo que respecta al siglo XVIII y XIX en Ávila, utiliza leyendas y relatos populares para referirse a los primeros siglos de nuestra historia, sin cuestionar su veracidad.

  • Ávila del Rey, muchas historias dignas de ser sabidas que estaban ocultas, Gonzalo de Áyora (1519)
  • La ciudad de Ávila, estudio histórico, José Belmonte Díaz (1987)

  • Historia de San Vicente y Grandezas de Ávila, Bartolomé Fernández Valencia (1676)

  • Historia de las Grandezas de la ciudad de Ávila, Fray Luis de Ariz (1607)

  • Segunda Leyenda de la muy noble, muy leal y antigua ciudad de Ávila, Hernán de Illanes (1315)
  • Crónica de la población de Ávila, Anónimo (1256)

  • Documentos para la Historia de Ávila, Julián Blázquez Chamorro (1985)

EL SIGLO XI EN ESPAÑA

  • Alfonso VI, Señor del Cid, Conquistador de Toledo, Gonzalo Martínez Díez (2003)

  • Historia de Los Reyes de Castilla y de León: Don Fernando El Magno, Don Sancho, Don Alonso VI,  Prudencio de Sandoval (1792)
  • La España del Cid, Ramón Menéndez Pidal (1967)

  • El Cid and the Reconquista, 1050-1492, David Nicolle (autor), Angus McBride (ilustrador) (1988)

  • The World of El Cid: Chronicles of the Spanish Reconquest, Richard Fletcher y Simon Barton (2011)

LA EDAD MEDIA

  • La societé médievale, François Icher (2011)

  • Introducción a la España medieval, Gabriel Jackson (1972)

  • La España musulmana, Claudio Sánchez-Albornoz (1946)

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Presentación de la novela en Ávila · 20 de abril de 2017

PRESENTACIÓN EN ÁVILA

EL EPISCOPIO - 20 DE ABRIL DE 2017

El jueves 20 de abril el  Ayuntamiento de Ávila me brindó la oportunidad de presentar «La Hermandad de las Murallas» ante el público abulense en la sala El Episcopio, y la verdad es que resultó mucho mejor de lo que había esperado. Eso os lo debo a todos los que asististeis, a los amigos de siempre y a los amigos nuevos que pude hacer ayer, por vuestro apoyo y por vuestro interés.

 

Tras una generosa presentación por parte de la concejala Sonsoles Sánchez-Reyes, pude exponer cómo fue el proceso de escritura de la novela, las circunstancias personales que acabaron por hacer inevitable que la escribiera, las ideas que he intentado plasmar en sus páginas, un breve resumen de la trama y una descripción de sus personajes. «La Hermandad de las Murallas» es el fruto de casi cinco años de un trabajo intermitente pero persistente, y en ella he intentado reflejar cómo fue el proceso de formación de la ciudad de Ávila, no sólo cómo los repobladores pusieron en pie sus construcciones de piedra, sino cómo nos dotaron de una identidad que ha evolucionado con los siglos. Espero que los que estuvisteis presentes le dediquéis ahora una mirada diferente a la ciudad y su Muralla. 

 

Fue muy gratificante el reencuentro con maestros a los que no ves desde hace lustros pero a los que sigues teniendo en cuenta cada día, como si se te pudieran asomar por encima del hombro en cualquier momento y regañarte por no haber respetado las reglas más elementales de la sintaxis en ese mensaje que mandas a toda prisa, o por estar usando la calculadora cuando se esforzaron tanto por enseñarte a resolver raíces cuadradas. El poder conocer a tantos lectores entusiastas: el que se interesó por la bibliografía que usé durante el proceso, la que había compartido impresiones sobre algún libro citado, la que forró la novela porque no soportaba verla sufrir en los viajes en su bolso, el que oyó la entrevista ese mismo día por la radio y se interesó en el acto... Y la lealtad nunca defraudada de esos amigos de la infancia que, una vez más, acuden sin que tengas que pedírselo.

 

A todos, un millón de gracias. Nos vemos en las páginas de «La Hermandad de las Murallas»


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Teresa de Ávila - Kate O'Brien

 

En este año de aniversarios, conmemoraciones y homenajes, veremos todo tipo de productos culturales asociados con Santa Teresa, algunos recomendables y otros que simplemente aprovechan la coyuntura.

 

Tenemos la suerte de que se haya recuperado uno de los mejores ensayos sobre la abulense más universal. Kate O'Brien (1897-1974) es una autora irlandesa que se dedicó a la novela y el teatro, muy prestigiosa en su país. Curiosamente, O'Brien estuvo viviendo en España como institutriz en una familia de Portugalete, y nuestro país le fascinó. Visitó, con el ritmo tranquilo de los pioneros del turismo, todo lo que pudo de España, y principalmente Castilla. La Guerra Civil y los problemas con el régimen le impidieron volver a pisar nuestro país hasta 1957, pero su literatura ya estaba impregnada de lo español: dedicó una novela a la princesa de Éboli, en otra relató sus experiencias como institutriz en una familia española. Una figura que siempre le influyó, en lo personal y lo artístico, es la de Santa Teresa, desde que se leyera sus obras completas en los años 30.

 

Escribió este "Teresa de Ávila" en 1955, más como un análisis subjetivo que como una biografía. Es un libro ameno y breve, muy fácil de leer, con importantes reflexiones sobre la figura de la escritora y mística. Kate O'Brien se fija sobre todo en la Teresa feminista, en la Teresa combativa e indómita, y deja la Teresa mística y religiosa para la interpretación personal de cada uno, argumentando que el éxtasis religioso es inefable.

 

Vaso Roto Ediciones lo recuperó el año pasado y es uno de los mejores libros sobre la Santa que leeremos este 2015, ahora que se cumplen 5 siglos desde que naciera Teresa de Cepeda y Ahumada.

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El Tostado o el superhombre avilés

 

Tenemos en Ávila un personaje inigualable e inexplicable, dotado de una inteligencia sobrenatural. Estamos hablando de Alonso Tostado, Alonso de Madrigal o «El Tostado», un eclesiástico del siglo XV que asombró a sus coetáneos y maravilló a las generaciones futuras. El Tostado era célebre en su época por abarcar con su conocimiento todas las ciencias de la Tierra, y por su ingente obra literaria.

 

Nacido en Madrigal de las Altas Torres hacia 1400, acudió a estudiar a Salamanca antes de la mayoría de edad, y ya nunca abandonó la vida académica, salvo para ejercer brevemente como obispo de Ávila en 1454, antes de morir en 1455. Alonso encadenó la vida de estudiante con la de profesor, y dicen que acumuló tantas cátedras que nadie ha sido capaz de batir su récord: estudió las de Biblia, teología, filosofía, hebreo, latín, griego, derecho canónico y derecho civil. ¡Ocho carreras!

 

De él se cuentan otras proezas, más propias de un semidiós que de un mortal. En un viaje a Bolonia pudo leer los Libros Morales de San Gregorio Magno, o Moralia in Iob, pero, como no accedieron a prestárselos, El Tostado se los aprendió de memoria y los transcribió palabra por palabra para su disfrute personal. Cuando más adelante, se pudieron comparar ambos volúmenes, el religioso no se había dejado ni una coma. ¿Exageración? Una edición moderna de los Libros Morales abarca 6 volúmenes de unas 400 páginas cada uno…

 

El Tostado escribía siempre a mano, quizás porque el invento de Guttenberg le pilló demasiado cerca en el tiempo y demasiado lejos en el espacio. Sobre todo comentarios a libros de la Biblia. Se dice que escribió tantas obras que «ni la vida más larga del hombre bastaría para leerlas»; también se asegura que escribía una media de tres pliegos diarios. ¿Otra exageración? Francamente, siempre he creído que si un hombre de unos cincuenta años de vida era capaz de sacar tiempo para darle a la pluma, otro puede, en menos tiempo, leer todo lo que escribió.

 

Lo cierto es que, cuando en el siglo XVI se imprimieron las obras de El Tostado en Venecia, abarcaron quince volúmenes. Aquí tampoco nos libramos de anécdota: el barco que transportaba sus manuscritos por el Mediterráneo naufragó, y cuando los supervivientes alcanzaron la playa a nado, allí estaban esperándoles, ¡oh, milagro!, los arcones con los papeles de El Tostado intactos.

 

Yo siempre he sospechado que El Tostado tenía el síndrome de Asperger, y que sus contemporáneos le veían más como un pedante insufrible, el típico listillo del que todos se burlan. El propio condestable Álvaro de Luna le llamaba con desprecio «el bachiller que lo sabe todo». Torquemada le acusó de hereje, quizás porque sospechaba que nadie podía saber de tanto sin haber vendido su alma al diablo, aunque la verdad es que, en aquellos días, Torquemada te acusaba de herejía a la mínima que te descuidabas. Y su fama llegó hasta Irlanda, donde encontramos una alusión a Alonso de Madrigal en el Tristram Shandy de Laurence Sterne: «así, en brazos de su nodriza, aprendió todas las ciencias y artes liberales sin que le enseñaran ninguna de ellas».

 

Inspiró el proverbio: «escribes más que el Tostado». Sí, escribió, y mucho, ¿pero quién le ha leído? Eso es lo triste del asunto, que todos hablamos de él de oídas. Sus comentarios bíblicos no es que sean de un interés masivo para el público de hoy día… pero seguro que merece la pena leer algunas de sus disertaciones filosóficas, como De optimia politia, donde defiende una democracia aristotélica.

 

La última edición de su obra data de 1953, cuando se coló uno de sus textos en la Biblioteca de Autores Españoles. No hay duda de que la empresa de recuperar una bibliografía exhaustiva de Alonso de Madrigal sería una tarea titánica, y de un interés más académico que comercial, ¿pero no se lo merece uno de los avileses más ilustres que ha dado nuestra provincia? En otros lugares están más orgullosos de sus paisanos.

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El Templario de Mosén Rubí

En una de las callejuelas que salen del Mercado Chico, casi llegando a la Puerta del Mariscal de la Muralla, se encuentra la capilla de Mosén Rubí. En esa capilla está enterrado uno de los personajes más enigmáticos y sorprendentes del siglo XIV, perteneciente a una de las familias más importantes de la historia de Ávila, los Bracamonte.

 

Pero antes de asociarse a nuestra ciudad, Mosén Rubí ("Mosén" no es, como yo había supuesto de niño, un nombre de pila bien cursi, sino un antiguo tratamiento reservado a la Iglesia y la nobleza) se llamaba Robin de Braquemont. De una familia noble de Normandía, creció en plena Guerra de los Cien Años junto al Canal de la Mancha, es decir, siempre expuesto al enemigo inglés. Estuvo asociado a la alta nobleza de Francia (el Duque de Orleans, el hermano del entonces rey Charles VI), al Papado (sirvió al Papa Luna, de cuando Aviñón estaba enfrentada a Roma como sede pontificia) y a la realeza castellana (el rey Enrique III, el Doliente). Obtuvo, por su ayuda a la causa castellana, tierras y favores del rey, y se instaló en sus posesiones de Mocejón. Tuvo parte en la expedición naval que terminaría conquistando las Islas Canarias (su primo, Jean de Béthencourt, las reclamará para la corona de Castilla). Su hija se casó con el mariscal Álvaro Dávila, y de ahí la conexión con nuestra ciudad. Cuando su hija Juana y Álvaro Dávila deciden adoptar el apellido de Robin, se funda el linaje de los Bracamonte en nuestra ciudad.

 

Y uno se pregunta: ¿cómo un noble normando de segunda llega a codearse con reyes y Papas? ¿Cómo llega a ser almirante, embajador, consejero? Poco se sabe a ciencia cierta de Robin de Braquemont. Pero hay una leyenda muy insistente que explicaría su meteórico ascenso y su habilidad para encontrarse en los sitios más oportunos, en los momentos más oportunos.

 

Robin de Braquemont era miembro de la secta de los Templarios o, si se prefiere, masón de cuando la Masonería estaba todavía formándose. En realidad, toda su carrera obedecía a una insólita misión encargada por sus compañeros templarios (gente influyente como el Condestable del ejército francés o el hermano del Rey): agrupar a la comunidad hebrea y localizar un territorio en el que pudieran llevar una vida pacífica y sin persecuciones.

 

Si esta leyenda fuera cierta se demostrarían varias cosas. La conquista de las Canarias respondía en realidad a la búsqueda de un refugio sionista. La colaboración con el Papa Luna (siempre tolerante con los hebreos) era una hebra más del intrincado tapiz templario que trataba de reformar el panorama político europeo. Los títulos y las prebendas eran agradecimientos por los servicios prestados al Temple. Y el escudo de los Bracamonte, con su mazo y su escuadra, es un guiño a la masonería.

 

Pero aún hay más sorpresas. La capilla de Mosén Rubí en Ávila comenzó siendo una sinagoga. Y la tumba de Robin de Braquemont un monumento con elementos Templarios digna de los mejores misterios conspiranoicos à la «El Código Da Vinci».

 

Todo esto lo he descubierto en la novela «El Compromiso», de Juan G. Atienza, un autor especializado en la Orden del Temple y en la Historia esotérica de España. Los historiadores abulenses admiten que la iglesia de Mosén Rubí pudo ser la Sinagoga Mayor de la ciudad. No es cruciforme, y al parecer, hay una estrella de seis puntas mirando al noroeste —digo al parecer porque yo no he sido aún capaz de encontrarla—. Pero niegan rotundamente ese origen esotérico.

 

El propio Atienza cuenta en el epílogo cómo están desperdigados los símbolos masónicos por toda la capilla: triángulos con el nombre en hebreo de Yahvé, púlpito pentagonal, gesto de desenvainar la espada en la sepultura de Mosén Rubí (alusión al rito masónico del grado 33, el más alto). Y en el exterior de la iglesia hay una multitud de escudos con mazos y escuadras, mientras que la supuesta estrella de David no es fácilmente visible.

 

Quizás no haya nada de cierto detrás de esta leyenda. Pero la Inquisición prohibió rematar las obras de la capilla en el siglo XVI, y ningún obispo la ha consagrado nunca, sin que se sepa la razón de tanta reticencia. Y es un monumento muy difícil de visitar, con un calendario turístico muy reducido. Yo siempre que lo he intentado me lo he encontrado cerrado, a pesar de haber acudido en las fechas oficiales. ¿Supicacia de las Dominicas que lo ocupan en la actualidad ante el pasado tan peculiar de Robin de Braquemont?

 

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